Una de mis pasiones es el mundo del ferrocarril. Intento evocar e investigar su pasado y cuando puedo disfruto de su presente. Mi madre es natural de Peñarroya y los veranos de mi infancia transcurrieron por sus calles y campos, a la sombra de las ruinas de la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya y cautivado por su mitología.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Entre Almorchón y la Alhondiguilla


            El pasado sábado día 3 de noviembre se materializó el esperado viaje organizado por la Asociación Extremeña de Amigos del Ferrocarril entre Almorchón y Alhondiguilla. El día fue oscuro y lluvioso. Esto, en unos momentos, añadía encanto al ver los campos empapados y los arroyos corriendo, pero en otros, cuando las precipitaciones eran intensas, dificultaba el poder hacer fotografías.








            Poco después de las diez de la mañana, partimos de la estación de Almorchón, atravesando hermosos campos de  encinas. La primera parada la realizamos en el puente metálico sobre el río Zújar. Se permitió que lo pasajeros bajasen para realizar fotografías al tren. De hecho, pensábamos que este iba a cruzar el puente con el fin de ser fotografiado. Finalmente no fue así. Pero al menos nos sirvió para ver el punto donde estuvo anclada una aguada y la casa donde se debió de ubicar la bomba que elevaba el agua desde el río Zújar, además de poder apreciar la mencionada infraestructura. El trayecto prosiguió atravesando dehesas y cruzando numerosos pasos a nivel sin barreras. Amargo fue para mí, ver la desaparición de la estación de Zújar de Córdoba, en el kilómetro 19.211. Hace años tuve la suerte de visitar estas instalaciones. Impresionaba ver sus dimensiones y número de vías, tratándose de una estación “en medio del campo”. Supusimos que atendió los servicios agrarios y ganaderos de las fincas de la zona y sirvió para el cruce de trenes y abastecimiento de agua de las locomotoras de vapor. Seguramente, en la última renovación de vía fue demolida.












            El primer núcleo de rural con estación, en esta línea, desde Almorchón es Valsequillo. Durante un rato, el tren permaneció parado para permitir que los pasajeros bajasen a ver la estación, que de momento no ha corrido la misma suerte de Zújar de Córdoba, pero sigue siendo víctima del olvido y el vandalismo. Fue entrañable ver cómo un grupo de niños del pueblo esperaba junto a la vía para conocer el tren. Era la primera vez que muchos de ellos veían un tren transportando personas. Cosas de la España moderna.














            En La Granjuela, paramos para que montasen unos viajeros. Tras pasar el desvío al apartadero de El Porvenir, ya en desuso por el cierre de las minas de carbón, llegamos a la estación de Peñarroya. Desde 1974 esta imagen no se veía. Ese fue el año en el que circuló el último tren de viajeros, por lo que la imagen del pasado sábado se puede considerar histórica.







            En el poco tiempo que estuvimos en Peñarroya, llevé a mis amigos a realizar una visita exprés por El Cerco. Apenas pude enseñarles las instalaciones de la vía estrecha y de lejos la fundición de plomo. Cuando regresábamos, la lluvia empezó a caer con fuerza, teniendo que meternos en el tren corriendo. Tuve también la grata compañía de mi familia, que vive en Peñarroya-Pueblonuevo.
            La siguiente parada fue Belmez, cuya estación también fue derrumbada. Sin comentarios.





            Una vez en Espiel, comimos en las instalaciones del albergue que desde hace años hay en su estación. De hecho, el comedor está en el antiguo muelle de mercancías. Este es un buen ejemplo de cómo recuperar y explotar el patrimonio ferroviario e industrial.




            Por último, llegamos a Alhondiguilla. En dos tramos, el actual trazado de la línea es diferente al original. Esto es debido a la creación de embalse de Puente Nuevo. Como se puede apreciar en las siguientes imágenes, a través de Google Earth, el trazado primitivo queda dentro de la zona inundable del mencionado pantano. De hecho, la estación de Alhondiguilla que conocemos actualmente es de “reciente” construcción. Ahora no dispongo de datos al respecto y prefiero no meter la pata. Pero en un principio, sitúo el cambio en la década de los sesenta o primera mitad de los setenta del siglo pasado. Me informaré y realizaré un texto al respecto. Pensemos, eso si, que la estación original está bajo las aguas del embalse que sirve de abastecimiento y refrigeración a la central térmica de Puente Nuevo.




            Tras un rato para dar tiempo a visitar las instalaciones, el tren chárter partió de vuelta a Almorchón, efectuando paradas para que se apeasen viajeros. Bajo una intensa lluvia, volvimos a recorrer los hermosos parajes del Valle del Guadiato. La verdad, todavía no me creo que haya vivido esta experiencia. Desde pequeño mi familia me contaba sus viajes en tren desde Peñarroya hasta Madrid, haciendo transbordo en Almorchón. Mi madre me relataba como salían por la mañana (temprano) de Peñarroya y llegaban de noche a la estación de Atocha, rociados de carbonilla. También me contaba como en cada viaje se creaban amistades entre los niños, dentro del tren, jugando por los pasillos o espacios de acceso a los coches. Como el tren no iba muy rápido, a mi medre le gustaba sentarse en la puerta del coche e ir contemplando el paisaje. Estos testimonio crearon en mi una mitología, férrea y romántica, sobre todo cuando me tocaba hacer inhumanos viajes en autobús, por tortuosas carreteras, echando hasta el hígado en una bolsa de plástico. ¡Cuando añoré el tren que no llegué a conocer! Pues el otro día lo conocí.
            Una vez expuesto el transcurso de la jornada, voy a reflexionar sobre ello. Creo que el viaje fue un éxito y se mostró el potencial turístico del Valle del Guadiato. Por suerte, hace unos años la vía fue renovada y permite una circulación decente. Aún quedan estaciones en pie e incluso una utilizada como albergue. Por otro lado, me siento en la obligación de criticar a los organizadores por vender más billetes que asientos tiene el tren. Éste iba abarrotado de gente y casi hubo peleas por coger sitio. Una situación así no se puede consentir. Estoy de acuerdo con que se vendan billetes para ir de pie, pero avisándolo y aplicando una reducción en la tarifa. Y el resto, se numeran para evitar situaciones embarazosas o violentas. Los amantes del ferrocarril podemos aguantar de pie, apostados en la puerta del tren. Pero los acompañantes, desde ancianos o hasta niños, nos pueden mandar a la porra por meterles en semejante situación. Incluso los aficionados también necesitamos y disfrutamos viajar sentados y no hacinados de pie como animales. Este hecho no se puede repetir, ya que es de esas cosas que nos sitúan como un país del norte de África y no de la Europa que pretendemos imitar. Menos mal que no vi turistas extranjeros, por que vaya imagen. Por último, comento y no responsabilizo a nadie, fue una pena no coincidir en la estación de Peñarroya con el también histórico encendido de chimeneas de El Cerco, con motivo de la primera jornada dedicada a su memoria. 



3 comentarios:

  1. Magnífico reportaje. Si el viaje fue un éxito deberían repetirlo en otra ocasión.

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  2. Un gran reportaje. Una lastima no estar en la zona para hacer el viaje. Como contestación a la parte de los billetes. Se intentó hacer el viaje con el R-598, más moderno y con megafonía para narrar detalles. Pero al no conseguirse se opto por el R-592. Como se vendieron tantos billetes el viaje se iba a realizar con un tren doble, pero finalmente no se pudieron obtener ambos trenes. Una lástima.
    Saludos

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  3. Las cuestión es que las ganas, el entusiasmo y el dineral siempre lo ponen los aficionados y amantes del tren y las pegas y los problemas la Renfe o el ADIF.

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